Salmo 1

El salmo 1 nos introduce en cómo podemos encontrar la felicidad; fue escrito para enseñarnos lo que realmente importa en la vida.

Es una especie de prefacio para todos los que seguirán. «Su posición como primer salmo no es accidental, el salmo está ahí para invitarnos a leer y usar el libro como una guía para una vida bendecida«. (James L. Mays)

Este salmo abre el libro de los Salmos con una oración que ha alimentado y alimenta la fe de tantos hombres en la Tierra. Proclama como primera palabra «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados» sino que practica asiduamente las palabras de este libro, es decir, todas las palabras del libro de los Salmos y sigue su consejo, su sabiduría, lo que dicen al hombre de todos los tiempos.

Los salmos no son mandamientos, sino lugares donde Dios habla y aconseja al hombre y donde el hombre escucha y responde a Dios. 

Aquí se anticipa la bienaventuranza celestial, se abre una ventana al cielo y el cielo la abre en la tierra, en cada uno de nosotros, en nuestros corazones y en nuestras mentes.

Salmo 1

1. ¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,

2. sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!

3. El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

4. No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.

5. Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;

6. porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.