Los diez mandamientos

También llamados Decálogo, los diez mandamientos son las reglas que, según la tradición bíblica, están escritas en las Tablas de la Ley recibidas por Moisés directamente de Dios en el Monte Sinaí.

Se los menciona en dos libros diferentes de la Biblia, Éxodo 20:2-17 y Deuteronomio 5:6-21, y fueron retomados por Jesús en el Nuevo Testamento.

En el decálogo se incluyen todas las reglas que un buen cristiano debe seguir para llevar una adecuada vida social y religiosa. Allí se enumeran los deberes fundamentales de los hombres hacia Dios y hacia el prójimo. Incumplir con solo uno de los mandamientos basta para ir contra toda Ley Divina.

En la Biblia los diez mandamientos son señalados como “las diez palabras” escritas directamente por Dios, “por su dedo”. Probablemente fueran más de diez en su origen, pero se ha fijado ese número como valor simbólico, haciendo referencia a los dedos de las manos.

Infografia de los 10 mandamientos

¿Qué son los Diez Mandamientos?

El decálogo es la Ley que Dios quiso para su pueblo, las bases destinadas para guiar sus pasos hacia la libertad. No fue casual que este aparezca en el contexto de la huida de los judíos de Egipto. Entonces Dios decide revelarse a su pueblo mostrándole el camino, dirigiéndolo hacia la Tierra Prometida y fundamentalmente hacia las normas de vida que permitirán cumplir el Pacto estipulado entre Él y ellos.

Toda moral cristiana está basada en estos diez mandamientos, incluso siguiendo la voluntad y el ejemplo de Jesús.
Posteriormente los padres de la Iglesia la llamaron “decálogo” y la han convertido en la piedra fundamental de la catequesis y sus lecciones morales.

Generalmente los diez mandamientos son divididos en dos bloques: tres expresan el amor a Dios (grabados en la primera tabla) y siete que se refieren al amor al prójimo (en la segunda tabla).

¿Cuáles son los Diez Mandamientos?

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas

    “Yo, el Señor, soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto” (Éxodo 20, 2-5).
    Él nos ha creado y nos cuida con amor. Todo lo que somos y tenemos procede de Dios. Por ello, debemos amarlo, darle gracias y alabarlo.

    En este primer mandamiento se incluye el amor a Dios y el amor al prójimo por amor a Dios. A este amor se lo llama caridad, amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

    Primer Mandamiento

  2. No tomarás el nombre de Dios en vano

    “Habéis oído también que se dijo a los antepasados: ‘No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos’. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el ‘Cielo’, porque es ‘el trono de Dios’, ni por ‘la Tierra’ porque es ‘el escabel de sus pies’; ni por ‘Jerusalén’, porque es ‘la ciudad del gran rey’. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mt 5, 33-37).

    Debemos respetar siempre el nombre de Dios.
    No debemos realizar promesas o juramentos en nombre de Dios sin intención de cumplirlos, pronunciar su nombre con odio o de manera irrespetuosa.
    Los hijos de Dios no hablamos mal de Jesús, de la Virgen María, ni de los Santos

    Segundo Mandamiento

  3. Santificarás las fiestas

    “Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo Dios el cielo y la tierra, el mar y cuanto contiene, y el séptimo descansó, por eso bendijo Yahveh el día sábado y lo hizo sagrado” (Éxodo 20, 8-11)
    Estos días damos gracias a Dios por todo lo bueno que ha hecho en nosotros, en nuestras familias y en la humanidad.

    Tercer Mandamiento

  4. Honrarás a tu padre y a tu madre

    “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Éxodo 20, 12; cf Dt 5,16)
    Este es el primer mandamiento de la segunda tabla, dedicado al amor al prójimo. En este caso Dios nos invita a honrar y amar a nuestros padres, que nos dieron la vida y fueron los primeros en compartir su grandeza.
    Aquí se afirma uno de los fundamentos de la Doctrina Social de la Iglesia, presentando a la Familia como la «célula original de la vida social».

    Cuarto Mandamiento

  5. No matarás

    Jesús dijo “Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás’; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 21-22).
    En el Antiguo Testamento, la prohibición de matar se refería a cualquier acto arbitrario y violento, que determinaba la muerte de un individuo. No tuvo en cuenta la muerte en la guerra o las ejecuciones, sino sólo la muerte de hombres y mujeres inocentes. Jesús reinterpreta este Mandamiento convirtiéndolo en una llamada al amor, invitando a los que sufren una ofensa a poner la otra mejilla, a no abrigar deseos de venganza y a aprender a amar incluso a sus enemigos.

    Quinto Mandamiento

  6. No cometerás actos impuros

    “Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador: “El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 24). De esta unión proceden todas las generaciones humanas (cfr. Gn 4, 1-2.25-26; 5, 1)”.

    El Sexto Mandamiento se refiere al comportamiento moralmente aceptable y correcto que debemos mantener los cristianos en nuestra vida social y sentimental.

    En el Antiguo Testamento se dirigía principalmente a los hombres, a los que se les pedía que no cometieran adulterio con mujeres casadas y que protegieran la ley marital. El Nuevo Testamento condena el adulterio, pero sobre todo el deseo pecaminoso, incluso cuando no se pone en práctica.

    La castidad es considerada una de las más altas virtudes que puede perseguir el hombre, para su viaje humano y espiritual. La lujuria, la masturbación, la fornicación, la pornografía y todo lo que exalta un placer sensual no dirigido a la creación de la vida, es un grave pecado.

    Sexto Mandamiento

  7. No robarás

    “Los que, de manera directa o indirecta, se han apoderado de un bien ajeno, están obligados a restituirlo ó a devolver el equivalente en naturaleza o en especie si la cosa ha desaparecido, así como los frutos y beneficios que su propietario hubiera obtenido legítimamente de ese bien. Están igualmente obligados a restituir, en proporción a su responsabilidad y al beneficio obtenido, todos los que han participado de alguna manera en el robo, o que se han aprovechado de él a sabiendas; por ejemplo, quienes lo hayan ordenado o ayudado o encubierto” (Catecismo, 2412).
    La Iglesia condena, además del robo, el fraude, la corrupción y todos aquellos pecados que afectan a la propiedad privada, pero sobre todo que dañan el derecho universal a los bienes válidos para todas las personas.

    Septimo Mandamiento

  8. No dirás falso testimonio ni mentirás

    Seis cosas hay que aborrece Yahvéh, y siete son abominación para su alma: ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, corazón que fragua planes perversos, pies que ligeros corren hacia el mal, testigo falso que respira calumnias, y el que siembra pleitos entre los hermanos (Prov. 6, 16-19).
    En el octavo mandamiento se invoca la importancia de la verdad y que ésta sea un símbolo de justicia y valor moral.
    Jesús también exigió a sus discípulos total lealtad, fidelidad y franqueza de palabras e intenciones.

    Octavo Mandamiento

  9. No tendrás pensamientos ni deseos impuros

    “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 28).
    Jesús instó a no permitirse pensamientos pecaminosos sobre las mujeres, pensamientos que podrían llevar al adulterio. También invitó a la castidad y a la pureza de corazón y de espíritu.
    Este Mandamiento no se refiere solamente al adulterio como culpa, sino, en general, a todos aquellos pecados sexuales, incluso de pensamiento, que contaminan la vida del cristiano. Contra ellos, la única cura es la oración y la perseverancia en la búsqueda de una pureza de cuerpo y espíritu que libere a uno de toda culpa y perturbación.

    Noveno Mandamiento

  10. No codiciarás los bienes ajenos

    “Cuando la Ley nos dice: No codiciarás, nos dice, en otros términos, que apartemos nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed codiciosa de los bienes del prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: El ojo del avaro no se satisface con su suerte (Qo 14, 9)” (Catecismo Romano, 3, 10, 13).
    Así como el noveno mandamiento advierte contra los deseos de la carne, el décimo condena el deseo de los bienes ajenos. A veces basta con desear algo romper más de un mandamiento.

    El Décimo Mandamiento, como el Noveno, condena el simple deseo, incluso antes de que se convierta en un acto pecaminoso.

    Éste condena la avaricia y la codicia desmedida por las cosas e incluso por los acontecimientos pecaminosos que podrían conducir a su adquisición.

    Décimo Mandamiento